Las “magdalenas”.
En 1992, un grupo de trabajadoras sexuales llegó al Centro Binacional de Derechos Humanos a presentar quejas contra la Policía Municipal, que las extorsionaba y les pedía favores sexuales con la amenaza de encarcelarlas. Ellas trabajan en los prostíbulos de la zona norte de Tijuana, en la zona de tolerancia conocida como La Coahuila.
Clark Alfaro documentó en una semana y media 75 casos de acoso, acompañó a las muchachas a entrevistarse con un atónito presidente municipal y les propuso crear una asociación. Convocaron a una conferencia de prensa en la que anunciaron la fundación de una asociación civil para defender sus derechos y realizaron una manifestación por las calles de Tijuana.
Las autoridades y la sociedad se quedaron boquiabiertos. Fue la primera vez que un grupo de trabajadoras sexuales se manifestó en la ciudad. Y de remate, encabezadas por un serio académico con aspecto de monje.
La Vanguardia de Mujeres Libres “María Magdalena” está integrada por alrededor de 75 muchachas. Clark Alfaro aclara que representan una mínima parte de las prostitutas de Tijuana, que son alrededor de dos mil.
“Como en muchos países de América latina, las tres alternativas que tienen las mujeres como ellas –campesinas sin experiencia urbana, analfabetas o con primaria incompleta– son el servicio doméstico a 50 dólares la semana, la maquila también por 50 dólares la semana y, la más dramática, la prostitución, con ingresos más altos”, explica el antropólogo.
Las trabajadoras sexuales vienen fundamentalmente de Tlaxcala, Puebla, Veracruz y Guerrero. Todas son de origen rural y tienen entre 18 y 25 años. Los principales clientes de la zona roja de Tijuana son habitantes locales, trabajadores migrantes y alrededor de un 20 por ciento de turistas, clientes de fin de semana que vienen a comprar sexo barato a 20 dólares.
Clark Alfaro asegura que por su extracción campesina, curiosamente, ellas tienen “un perfil muy católico y conservador, lo que suena contradictorio para quienes no conocen este mundo: no son adictas al alcohol ni a las drogas”.
“Las autoridades dicen que la prostitución está disminuyendo pero nosotros pensamos lo contrario”, dice. “Ellas calculan que a la zona de tolerancia llegan entre dos y tres muchachas por semana, y en cada reunión aparecen nuevas integrantes”.
La Vanguardia de Mujeres Libres “María Magdalena” desarrolla cursos y talleres de educación sexual e higiene. Han invitado a muchos funcionarios municipales, estatales y federales a las reuniones que hacen todos los miércoles para que ellos se den cuenta de que se trata de una organización seria, con proyectos.
“Para ellas significó que se dieran cuenta que no eran simples objetos sexuales paradas en las esquinas, sino que eran ciudadanas con derechos”, afirma el asesor sui generis. “Hoy la Policía Municipal lo piensa dos veces antes de extorsionarlas. Las trabajadoras sexuales lograron algo que todavía no han conseguido otros sectores marginales, como los polleros y los niños de la calle.”.
El profesor de origen católico apunta que, al igual que otros “seres mitológicos” de la frontera, muchas de estas mujeres se han ido convirtiendo en “figuras importantes en las biografías de muchos migrantes”.
El ex seminarista católico cumple años en abril. Todos los años, ellas le festejan el aniversario con mariachis.